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Her, las redes sociales y el ‘no al amor’

febrero 23, 2014

Mirar el correo al levantarse, whatsappear de camino al trabajo, twittear de noche sobre lo que estamos viendo en la televisión, postear en Facebook nuestra escapada de fin de semana o dejar plasmado en Instagram nuestra comida y mascotas. Son momentos individuales retratados en plataformas públicas donde al recibir un comentario o un like las personas se sienten menos solas.

“The instant intimacy of social media is turning us all into creeps”. Nick James se alejaba de definir Her en la revista Sight & Sound como una película sobre futuras tecnologías y se acercaba más al concepto de intimidad, individualismo y necesidad en una era de sobreinformación donde todo pasa muy rápido.

El protagonista de Her, Theodore, se siente solo después de separarse de su mujer. Necesita la aprobación y el respeto de otro ser para deshacerse de su sentimiento de culpabilidad por haber estropeado su antigua relación sentimental. Encuentra a Samantha, un sistema operativo inteligente que le organiza la agenda, lee los mails y es capaz de indagar en los más profundos sentimientos de Theodore. Podría ser una visión futurista de hasta qué punto llegará la tecnología si sigue avanzando tan rápido como hasta ahora. Lo cierto es que va más allá, es  una pequeña pincelada de lo que ya está ocurriendo actualmente.

Theodore no busca la compañía a través de su mejor amiga Amy o el sexo a través de una cita planeada. Él busca una representación de lo que no ha podido conseguir con su ex mujer. Se siente cómodo hablando con alguien que no tiene cuerpo y no necesita la calidez de otro ser humano. O sí, pero parte de esta necesidad ya la está supliendo con la felicidad que le transmite Samantha.

Muchos usuarios, y sobre todo usuarias, llenan la necesidad de compañía, aprobación, cariño o sexo a través de la creación de perfiles falsos, sin avatar ni nombre real. Esta clase de perfiles, que acumulan un gran número de seguidores, están repletos de preguntas sensuales dirigidas a un público invisible. Frases como “quién me da un masaje”, “necesito un abrazo”, “mirad cómo me he vestido para hacer la siesta” demuestran una soledad que nada tiene que ver con la cantidad de interacción que reciben por parte de sus seguidores solitarios. Perfiles llenos de imágenes provocadoras que sirven de fantasía y crean amores imposibles a través de pequeños fragmentos del cuerpo; una foto de las piernas, la boca, un escote, un cuello, y una mano.

¿Qué diferencia hay entre Samantha y este tipo de perfiles? Ambos son irreales y están de alguna manera programados. Todos esos perfiles tienden a tener una misma estructura de tweets y frases hechas. En el medio online tanto quien crea esa ilusión como quien la persigue, busca llenar la soledad del medio offline pero, ¿eso no les aleja todavía más de la posibilidad de encontrar a alguien real del que enamorarse?

Quizá el amor para muchos sea un estorbo dentro de su rutina tecnológica porque el amor va más allá de la necesidad. Ante tal individualismo nadie es capaz de entregarse al otro, parece una locura. Ya lo decía Amy, “anybody who falls in love is a freak. It’s a crazy thing to do. It’s kind of like a form of socially acceptable insanity”.

Facebook, Whatsapp y la privacidad que nosotros queramos

febrero 22, 2014

Ante la reciente compra de Whatsapp por parte de Facebook muchos usuarios se han escandalizado y han visto todavía más cuestionada su privacidad; “Facebook nos tiene controlados”.

Telegram, el servicio de mensajería instantánea ruso, reivindica que tiene un cifrado mucho más seguro y que, si se desea, los mensajes se pueden autodestruir sin dejar rastro en los servidores. Todo esto les ha permitido saltar hasta el número uno en el top de las aplicaciones más descargadas en España después de que Facebook anunciara la compra de Whatsapp. ¿Miedo a la pérdida de privacidad o rabia de que una única empresa domine todo?

Es contradictorio que se pida más cuidado con nuestra privacidad cuando luego no tenemos en cuenta los mismos puntos para el resto de redes sociales. La mayoría de usuarios tienen Twitter en modo público, y por lo tanto, cada tweet es indexado y puede aparecer como resultado en las búsquedas de Google. En Instagram, recientemente comprada también por Facebook, publicamos fotos nuestras, de los menores de la familia y de nuestras parejas. En Foursquare indicamos al instante dónde nos encontramos e incluso si queremos, con quién. La privacidad, en parte, depende de cada uno de nosotros. Cada persona decide qué publicar. En las redes todos somos generadores de contenido o, visto desde el punto de vista comercial, anunciantes. De ahí que desde hace algún tiempo muchos usuarios se hayan cuestionado si es seguro poner fotos de sus hijos menores o no y de que la seguridad de los adolescentes que todavía no tienen una formación digital se haya visto cuestionada.

Facebook ya era dueño de esas píldoras de supuesta privacidad independientemente de que nuestros muros estén abiertos o cerrados. Ya estamos expuestos de una manera u otra y quizá, para muchos, esa exposición es lo que más atrae de las redes sociales hasta el punto de pasar el límite del exhibicionismo físico y emocional. Miedo a la pérdida de privacidad pero por otro lado ganas de exponernos y de que a través de likes, favoritos y retweets nos podamos sentir aprobados.

En las redes no solo publicamos contenido propio, también dejamos nuestros datos e intereses. Cada vez que hacemos “like” a una marca, grupo de música o película y ponemos de dónde somos o nuestra fecha de nacimiento, estamos ayudando a crear una gran base de datos. Facebook ya tiene nuestras características sociodemográficas e intereses asociados a cada uno de nosotros. Es lo que está detrás de esta gran plataforma y que los usuarios, en la mayoría de veces, no son del todo conscientes.

Por lo tanto, este escándalo a que Facebook pueda dominarnos también a través de Whatsapp puede que no sea debido a la pérdida de privacidad sino a un ataque en contra de que una única empresa pueda poseerlo todo. Actualmente los usuarios ya exponen su vida privada en la red ya sea voluntariamente o por la plataforma donde están registrados y que sea una o cien redes las que nos tengan fichados no significa que el grado de privacidad sea mayor o menor en un modo u otro.

2013, el mejor y peor año

diciembre 17, 2013

Cada año se hace resumen y uno piensa que ha sido todo como una montaña rusa. Pero casi siempre se supera para bien o para mal. Como ha sido un año de extremos; de felicidad máxima a tristeza y pérdida inexplicable, aquí van pequeñas cosas que han estado en todos esos momentos buenos, malos y de incertidumbre total.

Las series que no me han dejado ir a dormir

Masters of Sex: no apta para espectadores emocionalmente inestables. Nos muestra la cara más cruda pero a la vez más tierna del fracaso de las relaciones o de aquellas que empezaron sin una base sólida y el tiempo las ha erosionado. Todo, alrededor de un estudio sobre la sexualidad humana. Y si hay una escena romántica que destacar de todo lo visto este año, se la lleva la de la season finale. Para ir a la cama con los ojos llorosos.

Fresh Meat: ¿quién no ha coleccionado o colecciona los sobres de azúcar de los bares para no comprarlo? En Fresh Meat hacen lo mismo con la leche. Son estudiantes que comparten piso y, en lo que otras épocas nos hubiera parecido un flashback de nuestra etapa universitaria o Erasmus, ahora es una descripción de la realidad. Lo mejor: la relación entre ellos, los líos en los que se meten y el jersey de ovejas de Howard. Un poco de comedia para aligerar el estrés de la rutina.

Orange Is the New Black: a pesar de que ha sido una primera temporada muy irregular y hasta a veces aburrida es un poco revelación. Quiero decir, que el hecho de que la serie se centre en una prisión de mujeres ya llama la atención. Pero con tantos personajes diferentes era imposible cogerles cariño a todos. Algunas tramas se hacían pesadas o repetitivas pero solo por el carisma que tiene cada una de ellas y el capítulo de la gallina ya merece estar en un top x. Perfecta para cuando te cansas de tus compañeros (por la convivencia) y necesitas pensar en algo mucho peor.

Otras adicciones televisivas: Broadchurch, The Escape Artist, Dates, Trophey Wife.

Los dos discos que casi estropean el scrobbling

Chvrches – The Bones of What You Believe: pocas canciones de relleno, algunos “oohs” y muchos sonidos adictivos. Imposible escucharlo solo una vez. Cada tema de este grupo escocés sirve para un momento diferente: rabia, desesperación, momentos de películas de acción de los 80 y todo con una voz infantil que para nada es como una línea sin matices.

Caitlin Rose – The Stand In: una lástima que haya pasado desapercibido por aquí. Canciones que hablan de antiguos números de teléfono que todavía se guardan en la agenda, de bodas y de, como no, decepciones. Para escucharlo con una copa de cava, de pink champagne.

Kanye West – Yeezus: sí, Kanye West. Hace unos años escuchaba algunas de sus canciones sin darme realmente cuenta de quién era. Ahora, casi cuando acaba el año, le he dado una oportunidad a ese hombre que me hacía bailar cuando tenía 20 años. No he visto ni pizca de Rap aburrido o de una voz que chille o agobie. Al revés, su voz me inspira elegancia. Eso sí, elegancia pero a la vez una fuerza indescriptible perfecta para esquivar gente en el metro durante la hora punta.

Los tracks que han estropeado el botón de replay

Imposible describirlos a todos. No caben. Desde Mikal Cronin para cuando no puedes soportar el peso una segunda vez, pasando por el pop más pegadizo como Charli XCX o Lorde hasta Kanye West. Una lista sin prejuicios de géneros, discográficas y que no tiene en cuenta el marketing que llevan detrás o el apoyo de los medios. Da igual, el resultado es lo que importa y, sobre todo, lo que nos queda es el efecto que tienen en nosotros.

Y si hablo de cine, la revelación en cine y redes sociales: Letterbox. Perfecta para hacer un poco de ejercicio periodístico y de visionado de películas con unos ojos que a veces intentan ir un poco más allá del espectador. http://letterboxd.com/saraserra/films/reviews/

¿Las redes nos ayudan o nos destrozan?

noviembre 22, 2013

Nadie ha sido capaz de racionalizar y explicar qué tienen de bueno y malo las redes sociales. Todo el humo que se les vende a las marcas y la adicción que provoca en las personas a nivel personal genera diferentes comportamientos. Para cada caso hay un objetivo diferente; pueden ayudar o no a las marcas y destrozar o no nuestras relaciones. De todo, eso sí, puede extraerse algo bueno y algo mucho peor.

Gran ejercicio periodístico

Twitter es el mejor examen para un periodista. Es una frase que ha de tener ritmo y ha de resumir lo que queremos decir en 140 caracteres. Y si tiene un enlace y el objetivo es que la gente haga clic, debemos hacer un call to action indirecto si queremos ser más finos entre hashtags, menciones y favoritos. Hay periodistas y copies de agencias de publicidad que se dedican única y exclusivamente a sintetizar contenidos de forma llamativa.

Difusión de contenidos / Viralización

Las redes sociales han ayudado a generar visitas a las páginas web. Los medios de comunicación son los que mejor se han aprovechado de estas herramientas. Son inmediatas, como lo puede ser la radio. Ellos generan el contenido y corren por ser los primeros en publicarlos y difundirlos. Además, tienen la ayuda de los propios redactores quienes en sus perfiles personales empujan a la gente a leer sus artículos. Más visitas, más clics, más anunciantes.

En marcas es diferente. No se trata de difundir, sino de viralizar. Las redes sociales no son la principal fuente de visita a las webs. Los fans no quieren leer; puedes publicar el mejor de los artículos en nutrición, tecnología o belleza (dependiendo de la marca) que si no lo haces con una imagen bonita, no te van a hacer ni un like. De ahí a que Facebook pueda extraer la conclusión de que las imágenes son el formato que generan más engagement y por eso, muchas marcas han dejado de difundir contenidos de calidad para desviarse a fotos emocionales. Facebook les sirve para generar likes, shares y comments. Pero, ¿realmente esto ayuda a la marca? Estudios demuestran que hay casos en los que han permitido mejorar el equity de marca pero ¿no estaremos tratando a los fans de tontos? Una foto de un gato, un niño con una frase de empowerment puede generar hasta 1000 likes. ¿Y eso que tendrá que ver con la marca? Da igual, el objetivo es viralizar a pesar de que el vídeo o la imagen no contenga ninguna mención a la marca, ni siquiera un logo. Igual que muchas de las campañas más virales de este año. A veces es difícil saber qué nos están vendiendo pero ellos saben que va a dar de qué hablar.

Política de privacidad y bases legales

Las marcas han de tener mucho cuidado a nivel legal de lo que publican. No pueden dirigirse a los niños a pesar de que redes como Facebook son aptas para menores de 18. Y a nivel personal, la privacidad es el gran tema pendiente. ¿Podemos poner las fotos de nuestros hijos en Facebook o subirlas a Instagram? ¿Qué pueden hacer estas plataformas con ellas? I’m the One Who Ruined Facebook with All These Pictures of My Kids.

Nichos de conocimientos y territorios de marca

Lo mejor de las redes es que dan la oportunidad de conocerte a gente con las mismas inquietudes que tú. Si eres un asiduo de los conciertos tienes LastFm, si lo que te gusta es el cine puedes escribir pequeñas reseñas en Letterboxd y si no paras de leer puedes tener tu librería online en GoodReads.

Lo mismo pasa con las marcas. Cada una de ellas abarca un territorio diferente. Quizá ahora la gente ya no haga like a una marca porque le guste su servicio o producto sino porque está en un territorio que encuentra confortable y del que quiere saber más. Un ejemplo claro sería Red Bull. Seguramente la bebida no te guste pero si eres un amante de los deportes no podrás dejar de seguir su página de Facebook.

Relaciones vs cyberstalking

Las redes sociales son la mancha negra de algunas relaciones. El pasado está ahí y puede interaccionar siempre que quiera. Son pequeños inputs que nos recuerdan que todos tenemos baggages. Ya nos lo decían en How I Met Your Mother:  Everyone’s Got Baggage, sooner or later... Lo único es que ahora las redes nos lo pueden hacer recordar cada día.

Al pasado se suma el presente. Para las marcas los likes, el engagement, puede ser un KPI aunque todavía no tienen muy claro para qué les sirve. Para una persona es imposible saber qué significa un like o un comentario ya que no podemos ver los gestos ni las miradas. Todo se puede malinterpretar. ¿Quién no ha escuchado alguna conversación de ruptura por culpa de un like a quien no tocaba o un reply demasiado afectivo? La solución para muchos es el cyberstalking, el seguir a alguien de una forma enfermiza. Estar pendiente de lo que publican e incluso espiar con quién hablan. Espiar a nuestras parejas no sería la mejor forma de generar confianza, y si no se tiene, ¿a través del cyberstalking podemos saber cuál es nuestra pareja ideal en internet sin dar miedo?

Adicción y frustración

Igual que una marca intenta generar clics y engagement, un usuario en sus perfiles personales puede hacer lo mismo. Una marca si no tiene likes siempre podrá pagar para que el post se patrocine, y por lo tanto, llegue a más gente y las posibilidades de que alguien interaccione aumenten. Una persona no paga para que alguien le de al like. La nada puede provocar la misma frustración de cuando enlazas algo que has hecho tú (un post o un vídeo) y no obtienes respuesta por parte de tus seguidores. El autoestima puede bajar hasta el punto de borrar el tweet o incluso el post.

Delante de toda esta frustración de ver los éxitos ajenos, de tener una vida vacía en la realidad pero llena en el 2.0 nacen los trolls. ¿Existirían sin las redes sociales? Seguramente se habrán multiplicado gracias a ellas, porque ya estaban ahí, al acecho, pero igual que una marca tiene sus protocolos “against trolls”, una persona puede sentirse herida si alguien empieza a dejarle comentarios insistentemente atacando a sus contenidos o incluso a su persona. Y puede ser su peor pesadilla de la misma manera que lo es para una marca. Como decía Piers Morgan, lo mejor es corregir sus faltas para evitar que vuelvan.

Quizá estemos en el punto más alto de vida de las redes sociales, igual que la vida de un producto, que despega, se mantiene y baja hasta llegar a aterrizar. De momento, las marcas no saben calcular el ROI de las redes, las personas tampoco sabemos qué nos aportan realmente. ¿Seríamos más felices y tranquilos sin ellas? Seguro que sí.

El amor líquido y las Redes Sociales

noviembre 12, 2013

El concepto de amor líquido, ese amor sin compromiso, sin vínculos, superficial y con fecha de caducidad apareció mucho antes del gran apogeo de las Redes Sociales. Ahora, debido a lo fácil que es interactuar con diferentes personas, lo sencillo que es llamar la atención y exponerse socialmente, el concepto se ha extendido e intensificado.

Cuando antes se flirteaba en los bares, el llamar la atención era una mirada, una invitación o un gesto. Ahora Internet es un gran bar donde podemos interpretar las redes como un catálogo gigante y abierto de personas. Eva Wiseman hacía un retrato en The Guardian sobre qué decían las fotos de Instagram sobre nosotros mismos y explicaba, sobre el fenómeno de las selfies, que muchas chicas jóvenes publicaban vídeos de ellas mismas preguntando directamente a su audiencia si eran guapas o no.  Según mobileYouth en UK casi la mitad de las fotos que los jóvenes de 14 a 21 ven en su Instagram son selfies, son fotos en primer plano hechas alargando el propio brazo. Ya no se hace extraño que alguien haya tenido una relación que empezara por Instagram; un like a una autofoto deriva en algo más sin importar edad o distancia. Después llega la decepción porque esas fotos siguen siendo de gente desconocida que no se sabe si el hecho de que solo publiquen fotos de si mismos significa vacío, superficialidad o es una manera de retratar expresiones. Y, en efecto, lo que buscamos nosotros de los demás. Lo desconocido, el querer llegar al otro sin saber quién realmente es nos lleva a programas como Catfish: mentiras en la red para averiguarlo.

Más allá del debate de si el fenómeno selfie es una actividad que fomenta la vanidad o no, el hecho es que ahora nuestro físico está abierto a que todos lo puedan visualizar y opinar de él. ChatRoulette ya permite ver a gente a través de sus webcam, y dependiendo de cómo sean, el usuario puede establecer conversación o pasar al siguiente usuario. Es un “pasen, vean y decidan”. Una vez más a través de razones superfluas y cambiantes.

Snapchat es la red social que ahora está de moda en Estados Unidos. Es la expresión máxima de la inmediatez y de todo aquello volátil. Las fotos que se cuelgan en esa red se auto-destruyen. No queda rastro y este comportamiento hace que los jóvenes estén abandonando Facebook y apostando por ella. Y es que nadie quiere que sus fotos, es decir, sus vivencias, perduren en el medio online porque en el offline tampoco está bien visto que lo hagan. Al contrario que Snapchat, colgar una foto en Facebook significa que es algo que se mantendrá  porque no se elimina automáticamente sino que uno mismo es quien decide si hacerlo o no. Es el propio usuario quien determina si publica fotos de su pareja o si una vez termina la relación las elimina o no. Facebook no apareció con un  protocolo social establecido para estos casos. Tampoco se explica si se ha de mantener la amistad o eliminarla como quien tachaba el número de teléfono de la agenda. En esta época de amor líquido el concepto ya no es el de pareja sino el de “one night stand”. Una persona, una noche. Como las fotos en Snapchat que de la misma manera que se publican desaparecen sin más. Las fotos en Facebook se van acumulando igual que se acumulan las parejas porque crear vínculos fuertes y estables con la otra persona es cada vez más difícil. Así que no son una sino varias las que aparecen en el perfil. Claro reflejo del estado líquido de las relaciones.

Y si esta tendencia de exposición y facilidad de cambio de pareja ya está establecida en los jóvenes, ¿qué pasa en edades más tempranas? Está siguiendo el mismo patrón ya que redes como Facebook están abriendo su política de privacidad. Ahora los menores pueden postear y que no solo sus amigos lo vean, sino cualquier persona que entre en la red. Por lo tanto, se amplia la viralización de sus fotos y vídeos. Es decir, de ellos mismos. El catálogo de personas se amplía hasta límites peligrosos.

Igual que un tweet caduca a la hora y un post de Facebook al cabo de tres, el amor está siguiendo esa línea indefinida de temporalidad y caducidad. No podemos saber si las redes sociales han ayudado a establecer este tipo de amor líquido porque la sociedad ya era líquida antes de que aparecieran (crisis, inestabilidad económica, pérdida de valores, cambio del núcleo familiar…). Simplemente ahora vemos esa fugacidad retratada y es más fácil cambiar de “compañía” porque las opciones y el acceso al otro es ilimitado y porque no hay guías de comportamiento ni privacidad.

Quizá las redes no es que intensifiquen el amor líquido, quizá tengamos que empezar a hablar de un nuevo concepto de amor en estado gaseoso.

¿La crítica es realmente necesaria?

septiembre 23, 2013

Baudelaire decía que “para ser justa, para tener razón de ser, la crítica debe ser parcial, apasionada, política, es decir, hecha desde un punto de vista exclusivo, pero desde el punto de vista que abre el máximo de horizontes”.

Desde la existencia del medio digital y, sobre todo, de los foros y las redes sociales, la función del crítico se ha puesto todavía más en duda y su figura se ha desvalorizado. Internet ha permitido que todos los usuarios puedan dar su opinión sobre una obra de manera inmediata. Cualquiera puede tener un blog donde publicar ahí sus impresiones sobre lo que ha visto o escuchado, pero, ¿hay diferencia entre la opinión y la crítica?

Sí, la hay. Un crítico es un periodista o escritor con más bagaje y conocimiento que un espectador que opina. Su función es analizar, evaluar, recomendar y difundir las obras.

Muchos creen que Internet ha perjudicado la labor del crítico porque la crítica se publica cuando ya todos los usuarios han dado su opinión. Además, apuntan que sus textos son subjetivos y que están condicionados por los medios de comunicación en los que trabajan.

Es ahí donde reside también la diferencia entre una opinión formada de manera rápida y con pocos argumentos a una crítica. Un texto que analice una obra ha de reposar ya que será la única forma de abandonar la superficialidad. Una película, serie o disco requiere más de un visionado o escucha para poder valorarlas en todos sus aspectos. Por lo tanto, lo ideal es que su publicación no sea inmediata. No podemos clasificar un texto como “crítica” a algo inmaduro, que no analice, no hable del autor o de obras similares y que desvele todos los detalles (o lo que es lo mismo, que contenga spoilers). Que tachen una crítica como el único texto que es subjetivo es también erróneo. Todos los textos son subjetivos porque están redactados por una persona y la persona, como ser emocional y con conciencia, es subjetiva.

La crítica es esencial como género periodístico porque forma, de alguna manera y en algunos aspectos, la mirada del espectador. Le da un conocimiento diferente de la obra, no es una simple opinión hecha de manera rápida y sin reposar (o no lo debería de ser). En cine puede hablarle sobre el montaje, la fotografía, qué ha influido al director a la hora de hacer la película y qué referencias se pueden apreciar en ella. En la música un crítico será capaz de diferenciar un beat de un scratch y podrá separar los elementos que son del grupo y los que ha trabajado el productor, entre muchas otras características.

El hecho de que el medio digital haya democratizado las opiniones no quiere decir que la crítica tenga que desaparecer. Es ahora más que nunca cuando el usuario ha de poder tener una guía para filtrar todo lo que se publica en la red y no ver al crítico como alguien superior al público. El crítico es alguien que puede ver una obra desde todas sus perspectivas y permite descubrir detalles impensables gracias a su gran bagaje. Eso sí, la crítica ha de ser forma y contenido y también depende de ella y de su calidad el hacer creer al lector que es diferente a cualquier texto opinativo que encuentre en la red.

Get Loud

septiembre 11, 2013

Pissed Jeans, Capsula y Mujeres serán los grupos que actuarán en Barcelona gracias a Converse Get Loud. Los conciertos serán el día 20 de septiembre y 4 de octubre pero la ubicación todavía no ha sido desvelada.

Prometen ser directos ruidosos e irrepetibles. Para apuntarlos en la agenda con recordatorio y un “no faltar”.