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Lo que hizo Peter

abril 19, 2011

Peter Doherty actuó ayer en la Sala Apolo de Barcelona solo con su guitarra, unas cervezas, alguna botella de vino que acabó siendo una pua momentánea improvisada, “cigarrillo” en la boca y bailarinas que se movían torpemente por el escenario.

Una crónica de un concierto es narrar unos hechos, ser crítico, tener un cierto background y conocimiento musical e ir añadiendo las emociones que al periodista le provoca aquella actuación porque, lo quiera o no, está inmerso en el espectáculo. Estoy totalmente en contra de esas crónicas de 10 líneas de las cuales la mitad se utiliza para explicar la historia del grupo, los fallos de sonido o el ruido que genera el público.  Una crónica ha de transmitir sentimientos, impresiones y ha de ser capaz de describir todas esas cosas y que el lector pueda llegar a imaginarse el concierto a través de las palabras. Peter Doherty me hizo pensar en todo eso, en cómo hacer una crónica cuando uno está más pendiente de disfrutar las canciones, de pasar un buen rato que de fijarse si se equivocaba en algún acorde o de intentar saber si es un tipo gracioso o cansino.

Peter Doherty es un personaje carismático que da vida a unas canciones sin artificios. Claro que supo cómo ganarse al público ya que tocó las míticas de The Libertines como Can’t Stand Me Now, Music When The Lights Go Out o Don’t Look Back Into The Sun. No faltó Delivery o la más aclamada de la noche, Fuck Forever de Babyshambles pero más frío fue el recibimiento de la gente cuando interpretó los temas de su disco en solitario Grace/Wastelands. Él estuvo metido en la piel de su personaje pintoresco de mirada a veces algo perdida pero siempre supo donde estaba, interactuó con el público y nos deleitó con su gran repertorio, que de eso se trataba.

Lo peor del concierto fueron algunas actitudes del público. Hubo chicas que lanzaron ropa interior y cartas de amor al escenario, los más jóvenes le pidieron alcohol y hubo momentos en los que se escuchaba más a la gente que al propio Doherty. También fue significativa la auténtica humareda que se acabó convirtiendo la sala en el momento en el que él encendió un cigarrillo y la gente empezó a imitarle. Antes a todos eso nos parecía algo normal pero ahora molesta el doble que hace unos meses. Quizás eso también formaba parte del espectáculo y realmente supo crear su propio escenario.

Así que salí contenta del concierto porque vi a un Doherty entregado y me dejé llevar. Por eso esta crónica no habla de la importancia de The Libertines en la música y de cómo influyeron a otros grupos, tampoco de los problemas de alcohol y drogas de Peter y no he comparado su actuación con ninguna otra. ¿Por qué? Porque fui de las que gritó Fuck Forever con el brazo levantando reviviendo mis 20 años cuando le vi en Benicàssim, suspiré cantando la romanticona For Lovers y acabé siguiendo el ritmo de Last Of The English Roses. Y eso es lo que quería demostrar, que cada uno vivió el concierto a su manera. A unos les habrá parecido un espectáculo aburrido de un personaje dantesco y a otros un pequeño reencuentro con un hombre muy alto que lleva bajo su apariencia dejada un saco de grandes canciones.

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