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Maratón Primavera Sound 2012

junio 7, 2012

El Primavera Sound se divide entre los que llegamos al recinto del Fòrum a las cinco de la tarde y los que aparecen por la noche con la petaca en mano.

El jueves, sin duda, fue el mejor día musicalmente hablando. A primera hora ya pude ver, por fin, a Doble Pletina tocando en directo una de las canciones del año, Música para cerrar las discotecas. Creo que era de las pocas chicas que me sabía esa canción y Cruzo los dedos. Misteriosamente un chicho vestido de marinero también se las sabía y pudimos mantener aquella mirada de complicidad y asombro durante unos segundos. Repito que iba vestido de marinero así que enseguida miré a otro lado.

Después de ese momento bizarro era la hora de Baxter Dury y no me defraudó ver cómo tocaron casi todo el último disco en orden. Mucho tampoco me impactaron ya que no les vi hasta el final por culpa de Friends que tocaban en el escenario Mini. Lástima que sólo pude escuchar I’m His Girl y otras pocas más pero me quedé con las ganas igual que con Grimes que lo único que recordaré de ese concierto fue Oblivion y cómo ellas bailaban y enseñaban pierna y alguna cosa más al público.

Si hay un concierto del que tenía muchas ganas de ver era Death Cab For Cutie. Los “descubrí” gracias a la serie The OC como muchos otros grupos. Fue tan intenso que se hizo cortísimo. The Sound of Settling, You Are a Tourist o I Will Possess Your Heart escondieron mi decepción al ver que no tocaban I Will Follow You Into The Dark o Stay Young Go Dancing, mi favorita del Codes & Keys.

Un poco más pesado se me hizo Beirut. Más que nada porque algunos temas perdían fuerza en directo pero se compensaba con el encanto de Zach Condon. Y sin cambiar de escenario, The XX. Es un grupo que cuando publicaron el disco les hice poco caso por culpa del gran bombo que se les dio pero cuando les confirmaron para el festival disfruté mucho del disco y el jueves del directo. Infinity o Shelter nos hizo poner “como un horno”, palabras textuales de algunos de mis amigos.

Mucho criticar a Franz Ferdinand pero al final como se solapaba un rato con The XX algunos ya estábamos nerviosos. En Twitter o Facebook todos diciendo que estaban acabados, que eran demasiado mainstream para el festival, bla bla bla. Al final toda una masa de gente corriendo del escenario Mini al San Miguel para llegar justo a tiempo de escuchar (y sobretodo bailar) Do You Wanna, Can’t Stop Feeling, Walk Away o el final apoteósico con This Fire. Callaron bocas y eso que Alex Kapranos no tenía mucha voz por culpa de, según él, un costipado.

El viernes ya mucha gente iba con resaca así que me fui sola a ver Other Lives a las seis de la tarde. No sé, pero los conciertos a esas horas en el escenario San Miguel para mi gusto pierden fuelle. Other Lives, además, hacían retumbar demasiado los bajos y eso a mí me molesta bastante. Suerte que pude escuchar Old Statues, canción que se podría incluir perfectamente en alguna banda sonora de película de guerra o del oeste. En el escenario Pitchfork tocó Dirty Beaches. Me hacía gracia volverlos a ver porque actuaron en el Heliogàbal el verano pasado y de tanta gente no pude ver nada. Esta vez me cansé a la segunda canción. Lord Knows Best me parece una exquisitez pero en directo casi ni la identificaba. Salimos de allí corriendo.

Me supo mal no poder ver a Rufus Wainwright pero ya le había visto en el FIB hace algunos años y en cambio tenía muchas ganas de Girls. Suerte que había visto el setlist días antes y ya estaba concienciada de que no iban a tocar The Oh So Protective One. Eso sí, Vomit fue uno de los momentos estelares con coros incluidos y salí del concierto más que satisfecha y preparada para el maratón The Cure. El escenario San Miguel se llenó en un momento y empezamos a ver el concierto desde atrás de todo. Los que no eran muy fans del grupo o los que creyeron excesiva la duración del concierto se iban marchando y no sé cómo acabamos en las primeras filas. Fue ese tipo de conciertos que yo que no soy fan sólo esperaba temas como Close To Me, Boys Don’t Cry o Friday I’m In Love, sí, lo reconozco. Aún así, me quedé hasta el final para luego ir corriendo una vez más al escenario Mini y ver por segunda vez en directo este año a M83. Ese momento en el que ya ha empezado el concierto y uno va caminando dirección al escenario da rabia por una parte pero por otra parece que seas el protagonista de un videoclip y con M83 creí ser uno de los niños de Midnight City.

No tenía las rodillas y los pies suficientemente desgastados así que quise ir corriendo una vez más hacia el escenario San Miguel para ver a The Rapture. Definitivamente allí quedó parte de mis huesos, uñas y algún trozo de cinturón porque Echoes, House Of Jealous Lovers y How Deep Is Your Love hicieron de su concierto algo inolvidable. Tanto ritmo y “subidones” intensificaron la hora que era, la amistad entre algunos asistentes y mil cosas más. Y así se acabó el día más intenso del festival.

El sábado tuve que marcharme a las once de la noche así que a las seis ya estaba en el escenario San Miguel para escuchar a Sharon Van Etten. Mi obsesión era escuchar en directo A Crime. Pues nada, la chica muy sosa y cuando hablaba poca gracia tenía. Las canciones todas parecían iguales y ya fue casi al final cuando empezó a gustarme. No lo suficiente para aguantarlo todo porque Veronica Falls tocaban en el Mini y ya me encantaron en el Primavera Club del año pasado. Son estupendos, la música, las letras y su vestuarios rozando lo vintage y lo de abuelo. Y lo que cambia ver un concierto en primeras filas a verlo desde el final de todo. No hay color. Además, el Primavera no es de esos festivales en los que la gente se aprieta y empuja hacia adelante como pasa en muchos otros y eso que el número de ingleses era bastante elevado. Gracias también a que no se les ocurrió tirar las cervezas a las cabezas del público, cosa demasiado frecuente en el FIB.

Hasta la hora de Beach House era una indecisión de escenarios que aprovechamos para cenar. Bocadillo en el bolso y tapón de agua guardado porque cuando pedías una botella se lo quitaban. Es decir, o te bebías medio litro de agua de un trago o te empujaban a beber alcohol. Sin querer perder el tiempo estábamos unos cuantos sentados en el escenario Mini esperando sentados en el suelo para ver a Beach House. Hicimos bien porque el juego de luces, el pelo de ella y toda la atmósfera que crearon era digna de ver desde cerca. Fue un hit detrás de otro pero no tocaron Take Care y eso me dolió demasiado. Suerte de los amigos en estado de trance que me hicieron ver que sí que fue un buen concierto y como adjetivos añadiría “precioso”.

Me fui a casa con ese gusto agridulce de no poder quedarme un rato más y perderme los conciertos del domingo. El gusto bien amargo se lo llevó la cobertura. Ni rastro para los usuarios de Vodafone. Si perdía a los amigos estaba incomunicada y no podía ver a aquellos conocidos que rondaban por allí por el mismo motivo. Una pena, eso y lo del alcohol son pequeñas manchas a un festival casi redondo. También criticaría a todos los que fuman cigarrillos y algo más en medio de un concierto con tanta gente junta en un mismo espacio, pero son cosas que ya no dependen de mí.

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3 comentarios leave one →
  1. junio 7, 2012 12:02 pm

    LOL “la amistad entre algunos asistentes”

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