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Sónar 2013

junio 16, 2013

Sin saber todavía si me gustan los sintes y poniendo en duda el concepto “remezcla” pisé el Sónar de Día después de 6 años y el de noche por primera vez. Con curiosidad y con la mente bien abierta. Aquí lo que más me gustó, lo que menos y aquellas cosas que más me sorprenden o me irritan.

Viernes día y noche

  • La gente que estaba en primera fila durante el concierto de La Bien Querida canalizando todas sus decepciones sentimentales con Arenas Movedizas.
  • El “trata de arrancarlo bRUNA”.
  • Reafirmar que el 3D marea y poder escuchar a Bat For Lashes en un descanso con la excusa de estar sedienta para abandonar un rato a Kraftwerk.
  • Recordar que el primer disco de Two Door Cinema Club tiene una de mis canciones bailables favoritas (Something good can work) a pesar de que la parte de los brindis se la saltaron.
  • Get Free de Major Lazer y las bailarinas encima del escenario calentando al personal.
  • Marchar de Skrillex sin poder escuchar el tema principal de “Spring Breakers”. La razón, empezar con imágenes de Barcelona y la canción de las olimpiadas. Kitsch del feo.

Sábado día y noche

  • La contradicción de haber sol y el ambiente nocturno que creaba Chromatics. Durante el concierto alguien me tiró la cerveza encima, le miré con cara de “pídeme perdón”, me responde con un “déjate la mala leche en casa”. Le hago un cambio y cierro con “y tú te has olvidado la educación”.
  • AlunaGeorge empezando con Just a touch y continuar hit tras hit mientras Lucía Etxebarría se apoyaba en la valla con cara de aburrimiento. (Espero esa crónica con sus “muy muy divertido”. Seguro que aquí la cambia por “muy muy mona”. O no, porque el sentido del gusto no lo tiene muy desarrollado).
  • Memory of the future de Pet Shop Boys versus el público del concierto inaugural hablando en voz alta todo el rato como quien está en un bar arreglando su vida.
  • Un poco de MGMT, Daft Punk, Kavinsky (sin Gosling) y Flat Eric en los visuales de 2manydjs.
  • Los outfits estudiados al detalle pero poco cómodos: tacones y chanclas para ellas, camisas arrapadas y oscuras para ellos. Los extra shorts y que, por fin, las mochilas vuelven a estar de moda (adiós a las contracturas).
  • La rutina festivalera del vaso de cerveza o cubata con cigarro en la mano. Paso por tu lado, te empujo, te quemo y no pido perdón. (Let’s get out of this country).
  • Las cocacolas con limón del pro, los periodistas con bloc de notas apuntando a mano (escalofrío del bueno) y los fotógrafos que silencian el “clic” de la cámara en los concierto de Ólafur Arnalds o Samaris.

En definitiva, el Sónar siempre será el festival barcelonés que más me sorprenda. Voy a poner las piernas en alto y los pies en remojo durante toda la tarde.

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