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Bilbao BBK Live 2013, festival de rock y pintxos

julio 16, 2013

La expresión que podría definir el Bilbao BBK Live de este año es Déjà vu. Un cartel lleno de grupos que hace una década estaban en el punto de mira de todos los medios y que ahora casi pasan desapercibidos por la crítica. Podría, porque en realidad hay mucho más que eso. La letra pequeña con Benjamin Biolay o White Denim hace que sea un festival con propuestas variadas y adaptables.

Jueves escocés

El jueves el escenario más grande lo estrenó Alt-J. Hype. Aburrido. Con el sol calentando como si fuera un festival de playa, todas las canciones parecían tener la misma base y ritmo. La voz no marcaba altos ni bajos, se dejaba llevar por esos movimientos de cabeza del público sin entusiasmar demasiado. Matilda fue un sobresalto pero tan pequeño que los pies se quedaron en el suelo.

El atardecer llegó con Editors. Fue raro. Hace años en sus conciertos la gente saltaba con Munich o se emocionaba con Smokers Outside the hospital doors pero no es lo que pasó el viernes en el BBK. La mayoría de gente miraba con indiferencia el escenario. Quizá era cuestión generacional o porque esos saltos de ritmo y guitarras ya nos dejaron de sorprender hace algún tiempo.

Depeche Mode era el concierto esperado de los más veteranos del festival. El escenario grande se llenó hasta de los menos fans cuando hits como Personal Jesus o Just can’t get enough. Los no tan fans esperábamos ansiosos poder gritar “mon the Biffy”.

Las 00.40 era la hora perfecta para Biffy Clyro. El grupo escocés nos dejó mal gusto hace cuatro años cuando eran teloneros de Muse en el Resistance Tour. Esta vez, ellos eran los protagonistas. Con los torsos desnudos, como siempre, salieron a romper esa creencia de que ya no hay buenas propuestas de rock. Es verdad que en su último disco las letras son todavía más ligeras que en los anteriores y las guitarras menos violentas. No se puede negar que cada vez llegan a un público más joven y femenino. Eso no quiere decir que su directo sea poco atractivo. Al revés, fue un concierto intenso, casi no dejaron respirar entre canción y canción. Repasaron los temas más exitosos de su penúltimo y celebrado álbum “Only Revolutions” como Mountains, God & Satan, la balada Many of Horror o The Captain. Tampoco se dejaron las del nuevo disco con Black Chandelier, Spanish Radio o la canción que abrió el concierto, Stingin’ Belle y esos sutiles guiños al sonido de gaitas escocesas.

Y del rock de masas de UK (que no de aquí), el escenario grande se llenaba para escuchar a Two Door Cinema Club. Los comentarios de “todas suenan igual” sería la definición del concierto para aquellos que no conocían del todo al grupo. Sólo se veían bailes tímidos excepto en esos hits del primer disco como Something good can work o What you know. Pocos se dieron cuenta de la preciosidad de The world is watching y su fácil estribillo con voz feminina del último disco.

Viernes de Glastonbury

Con una temperatura más agradable que la del jueves, la jornada del viernes se abría con Spector. Poco caso se le ha hecho a un grupo que tiene temas pegadizos como Chevy Thunder, muy poco.

Vaccines, ese grupo que durante su primer disco casi no aparecen por aquí y que en menos de siete meses los hemos podido ver ya tres veces. Actitud y rock. Se podría firmar como un grupo esencial en todos los festivales. A lack of understanding, Teenage Icon o Ghost Town hasta que empezó la lluvia. Después ver en directo Post Break up sex con las gotas de agua cayendo sin tregua es un momento mágico y casi dramático. Tan dramático que el sonido se rompió y tuvieron que parar. Sólo en ese momento las primeras filas fuimos a las carpas para evitar la lluvia. Los más pesimistas recordábamos cuando Kings of Leon cancelaron hace cuatro años en Benicàssim por viento. Esta vez veíamos lo mismo. En medio de una mezcla entre exaltación y nerviosismo colectivo paró de llover.

Alegría post susto con Klaxons. Era casi imposible acordarse de qué temas tenía el grupo hasta que Golden Skans o Atlantis to Interzone rompieron el silencio. Y ahora sí, por fin, Kings o Leon. Rescataron temas como Bucket, On call o Molly’s Chambers y no se dejaron las más coreadas Use somebody y Sex on Fire. Repertorio exquisito si no se hubieran dejado Charmer. Otra vez será. Eso sí, que la próxima vez sean más cercanos o todas sus canciones quedan en un segundo plano delante de su actitud.

Las 2.05 no es una buena hora para Standstill. Perfecto si hacen un concierto intercalando temas de sus diferentes discos. Pero no fue así, volvieron a repetir el espectáculo de Cénit para presentar su último álbum. Los láser eran propios de cualquier grupo electrónico y los visuales recordaban demasiado a Muse o Radiohead. Añadiendo que estaban tocando en una carpa, la experiencia del concierto fue de lo más rara.

Sábado adolescente

Era el día de Green Day y la reflexión de si prohibir las entradas de día o no. Y no lo digo por infravalorar al grupo, sino porque la mayor parte del público de ese día iba a verlos a ellos. Y en consecuencia, no dejaron disfrutar al máximo del resto de conciertos.

The Hives es una apuesta segura en festivales que se declinan hacia el pop rock. Tienen hits para llenar una hora con I won’t be long, Come on, o Hate I told you so. Así que entre la música y él que es un showman, el éxito estaba garantizado. Los que ya llevamos algunos años en festivales no nos aportaron demasiado pero fue un directo efectivo que hizo bailar al público lo que otros no pudieron conseguir.

Misterio era lo que sentía por Vampire Weekend. No sabía si era el lugar adecuado pero creo que más bien no era el público adecuado. Las nuevas pasaron desapercibidas, como si fueran aburridas. Canciones que ponen la piel de gallina como Ya Hey pasó a ser tema del montón. A punk fue la única que hizo al público prestar atención y ni acabar con Walcott permitió crear una atmósfera mágica.

Twin Shadow coincidió con Green Day. Poco acertado fue el comentario que hizo cuando dijo que había visto gente fea por Bilbao pero que todos los guapos estábamos en su concierto. Para colmo, una chica le lanzó su ropa interior, quizá era la que se tuvo que sacar el día anterior por culpa del diluvio. Seguro.

Empezó fuerte como queriendo retener al público con Five seconds o Slow. Una propuesta más guitarrera que el disco y, por lo tanto, se descuidaba esos sonidos bien escogidos desde producción.

Terminó antes que Green Day así que se pudo ver la marea de público coreando los clásicos de adolescencia como Basket Case, She o Minority. Sabor agridulce y de circo. Por un lado, hace ilusión escuchar esos temas que cantabas de pequeña o de adolescente pero por otro lado daba un poco de vergüenza ver como parte del espectáculo constaba en crear espectáculo. Versiones de grupos, “oe, eo”, fans que se suben al escenario, o guitarristas que se visten de mujer ensuciaron lo que podría haber sido una comunión entre varias generaciones unidas por la música.

Un final extraño que podía quedarse ahí o seguir al máximo con Fatboy Slim. Los menos valientes decidimos marchar a una hora prudente recordando las anécdotas del festival.

En resumen, lo que venía  a nuestras mentes (sin contar las canciones del festival que habíamos tarareado noche sí, noche también) el ambiente del festival. Inmejorable. A pesar de la lluvia el buen humor y el compañerismo salvaron el posible trauma y el hecho de que esté situado en Bilbao cambia por completo esa fórmula mal escrita de que los festivales de verano han de ser música, alcohol y playa.

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