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Low Cost Festival 2013

julio 29, 2013

El Community Manager del Low Cost Festival dejó claro hace unos días en Twitter y gracias a expresiones como “pasarlo teta” que sería un festival con un público muy joven y con el objetivo principal de fiesta y cachondeo.

El Low Cost está muy bien organizado a pesar de que entramos desde la ventanilla de “incidencias” porque el QR de la entrada no funcionaba. Pocas colas, buen sonido teniendo en cuenta que los escenarios no estaban lejos unos de otros y bastante seguridad (nos cachearon tan al detalle que seguro que más de uno se alegró).

El público era pintoresco. Desde gente de provincias, algún extranjero, despedidas de solteros, disfraces, cocodrilos hinchables que te atacan, gente que te viene a hablar con un “me suenas de otros conciertos”, charcos de barro donde la gente se despide de sus zapatos o algún “silencio por favor, que esto es Portishead” con mirada asesina de ultrafan.

El cartel muy completo y variado siempre dentro de unos parámetros que iban desde el indierock, pop made in Spain y hasta electropop o similares. Delorentos, fue uno de los primeros grupos el viernes. Su hit Secret tardó en llegar pero a pesar de que la gente desconocía el resto de canciones, bailaron y miraban al escenario con ansia de empezar con los platos fuertes del festival. Ellos mismos se sorprendieron de la calurosa bienvenida.

A las once Veronica Falls con algunos problemas técnicos en un par de canciones supieron llevar sus letras oscuras e invernales a 35 grados a la sombra del recinto de Benidorm. Waiting for something to happen o My heart beats de su último disco y éxitos anteriores como Found love in a graveyard, Weeding day, Bad feeling o Come on over resaltaron una vez más que se defienden tanto en sala como en festival y que sus guitarras tocadas llevando medias negras y tupidas pueden con todo.

Two Door Cinema Club es el grupo comodín de los festivales. Repertorio casi idéntico al que hicieron en el Sónar o en el BBK. Repetitivos, con algún sobresalto gracias a Something good can work, I can talk o Undercover Martyn.

Svper (antigos Pegasvs) dieron el toque de elegancia de esa noche. Ella, mucho más abierta que en otras ocasiones, llegó a dirigirse al público no sólo entre canciones sino también mientras tocaba. El final de la noche y Brillar se escucharon a máximo volumen desde la primera fila hasta la última. Temblor electrónico por todo el cuerpo.

Lori Meyers ha dividido a sus fans en dos generaciones; los más jóvenes que saben todos sus últimos temas de “Impronta” y gritan con desesperación la letra de Emborracharme con menciones a whatsapp (ouch) y después están los que piden algo de Viaje de estudios o Hostal Pimodan.

Empezaron enganchando a la generación más antigua: Luciérnagas y mariposas, Sus nuevos zapatos y Dilema. Una lástima que siguieron con lo nuevo, de letras mucho menos trabajadas y melodías más comerciales en busca del hit postizo.

El sábado era el gran día. A las 22h los escoceses Belle and Sebastian parecía que iban a presentar su último disco de rarezas y caras b pero nada que ver. Dog on wheels, Judy and the dream of horses, Another sunny day dedicada a esos escasos días de sol en su tierra, The boy with de arab strap o I want the world to stop. Ya forma parte de los mejores directos del año (hasta el momento). El público estaba entregado en todas sus canciones, incluso Stuart invitó a bailar a un grupo de jóvenes que de unos tímidos bailes encima del escenario pasaron a animar al público que todavía se resistía al encanto made in Scotland.

Terror minutos antes de empezar Portishead. Misterio de saber cómo iba a reaccionar el público. Chapeau, pocos eran los que se atrevieron a hablar durante Roads, Glory Box o Sour Times. Menos en Machine Gun donde la inercia llevaba a intentar hacer el ritmo con las manos. Imposible. Gracias también a esos visuales que permitían evadirse de todo menos de la música para conseguir experiencias extrasensoriales de máxima elegancia y calidad.

Acabar la jornada del sábado con Crystal Castles era acabar con los oídos casi reventados y el cuerpo aturdido. Celestica pero sobretodo Not in love fue coreada con brazos hacia el cielo y gritos en frases como “we were lovers, now we can’t be friends”.

El domingo Polock fue lo más interesante de la tarde. A pesar de sus múltiples similitudes o guiños a Phoenix, después de mucho tiempo sin estar tocando en directo, volvieron a encontrarse con un público fiel que coreabn Fireworks con la energía que quedaba para el último día. 

Glasvegas es odio o amor. De “truño” para algunos a “emotivo y épico” para otros. Lo de épico era generalizado. Sus letras resaltadas en su disco de presentación pero estiradas hasta aburrir por culpa de una sobreproducción perturbante en el segundo. Euphoria take my hand y The World is yours son la excepción y siguen dejando claro que no se han desgastado. Más por el nuevo tema que presentaron (y no era I rather be dead than be with you). Eso sí, la máxima emotividad se la llevó Flowers and football tops (abrieron con ella), Geraldine o Daddy’s gone para destacar esas infancias llenas de odio y tristeza de los suburbios de Glasgow. Tampoco faltó My own cheating heart that makes me cry o Go square go. La gente en UK sabe que la frase “Here we f*** are” es todo un himno pero aquí hicieron el intento y el público no captó la frase con acento escocés imposible.

Los fans de John Boy estaban en primera fila ya desde Glasvegas. Love of Lesbian dio un concierto de dos horas. Felicidad máxima para ellos, pero para los que nos decepcionó el último disco fue “too much”. Las letras de “1999” que antes nos parecían el canto perfecto para amores que se desvanecen, amores líquidos y todo lo que acababa en ruptura ahora son una parodia sin sentimiento hecha por ellos mismos. Se siguen disfrazando, continúan haciendo el mismo discurso entre canción y canción y se olvidan demasiado de “Cuentos chinos para niños de Japón” y “Maniobras de escapismo”. Una pena, porque el concierto se hizo irritable y hasta un punto insoportable. Sólo a veces se salva por himnos como Allí donde solíamos gritar, Me amo o Segundo asalto.

En el mismo escenario poco después era el turno de Fangoria. Las nuevas canciones no provocaban ningún efecto sobre el público pero sí temas como No sé qué me das o Bailando. Y en el otro escenario, Standstill presentaba Cénit. Esta vez era diferente porque iba acompañado de sorpresas en forma de ¿Por qué me llamas a estas horas? o la primera de ellas que fue Adelante Bonaparte (II). Muy acertado no hacer el espectáculo entero sobre el último disco sino intercalarlo con sus hits, que para eso hay que saber que están en un festival tocando a las dos de la mañana. Bien visto.

Cansancio extremo de tres días de calor, playa y conciertos. Nota alta para este festival de filosofía low cost pero que cada año va adoptando a más lowers y podría ser, en un futuro, un claro substituto de los festivales más grandes de la zona si siguen apostando por la calidad como han hecho hasta ahora.

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