Saltar al contenido.

End of the Road Festival 2013

septiembre 3, 2013

Los que somos fans de las listas tenemos hecha desde hace años la de “Cosas que hacer antes de los 30”. En la mía, aparecía en primera posición “ir a un festival británico”. Gracias al End of the Road Festival ya he podido tachar esa tarea de la lista y calificarla con muy buena nota.

Lo que pretendía era apartarme de una sociedad en la que ir a conciertos o festivales se está convirtiendo más en un acto social que en uno cultural, en donde los medios de comunicación cada vez dejan menos espacio a la prensa musical especializada (y a la cultura en general), y en la que comprarse discos es un gran esfuerzo económico seguido de una mirada rara de la gente que prefiere escuchar discos filtrados para ser los primeros en tuitearlos a modo de pseudoperiodismo.

El End of the Road Festival, cerca de Dorset, era la escapada perfecta para rencontrarse con la música, con esa experiencia individual que en festivales vivimos de forma colectiva bajo unas circunstancias de respeto que no se dan en nuestro país.

Al pensar en este tipo de festivales viene a la cabeza imágenes de barro, botas de agua, jóvenes descamisados y aglomeraciones. Este año el EotR recibió a sus asistentes bajo un sol caluroso que no se apartaría ninguno de los tres días. Un marco idílico de bosque y naturaleza acogió un festival lleno de propuestas musicales donde se pudo ver lo mejor y lo peor de un evento de estas características. Nunca está de más compararlo con los festivales made in Spain para poder tomar nota y ser autocríticos tanto a nivel organizativo como de público.

Lo mejor del EotR

Educación por encima de todo. Sorry, excuse me y thank you han sido las palabras más escuchadas. Todos, antes de cualquier movimiento que interceptara el espacio social, pedían permiso. Nadie pisaba a nadie sin pedir perdón y las colas de los lavabos y los puestos de comida eran intocables.

Silencio durante los conciertos. Este año se han vivido muchos conciertos y festivales descritos como “gallineros”. Incluso con grupos como Camera Obscura o el respetado Rodrigo Amarante la gente hablaba y parecía entender el concierto como una simple música de fondo. En el EotR ya podía ser Marika Hackman o Angel Olsen a las cuatro de la tarde que no se oía nada más que el sonido a través los altavoces y los pasos atrevidos de los pavos reales que rondaban por allí.

Lágrimas y niños. Lo más emocionante fue ver la reunión de diferentes generaciones en un mismo festival. Desde grupos de jóvenes, familias primerizas hasta parejas seniors. No era raro ver a un padre con su hijo bailando con las guitarras de Crocodiles o madres llorando en el concierto de John Murry. La piel de gallina llegó con el concierto de Belle & Sebastian donde una decena de niños subieron al escenario a bailar The Boy With The Arab Strap. Una idea de escapada cultural para cuando se tenga descendencia. Además durante todo el día había talleres de manualidades, recetas, cine, comedia y juegos de mesa. Juegos que nuestra generación todavía recordamos y que por unos días han permitido a muchos olvidarse de todo lo digital. Como se dijo al inicio del concierto de David Byrne & St. Vincent, mejor quedarse con el recuerdo de una experiencia que con lo que pueda captar un gadget electrónico.

Lo peor del EotR

La masificación. Es el peor enemigo de los festivales. Más todavía si son con encanto. Las colas, el no poder ver a Daughter porque el escenario estaba ya lleno o quedarse sin helado de chocolate con peanut butter hacen bajar la nota al festival. Tampoco era muy llevadero el tiempo de espera para ducharse por la mañana. Tres cuartos de hora que muchos supieron invertir leyendo. Sí, gente leyendo en la cola de la ducha como también lo hacían antes de que empezara el concierto de Caitlin Rose o The Leisure Society en el escenario principal.

No se me ocurre nada más negativo del festival que no sean las avispas y abejas. Insoportables. Era imposible pararse a comer sin ser devorados por estos pequeños y amenazadores insectos. Más de un café y un brownie cayeron al suelo por culpa de un ataque repentino de estos seres perturbadores.

A pesar de todo esto es el mejor festival que he ido nunca. El concierto de David Byrne & St. Vincent bajo el pouring rain mientras se escuchaba Cheerleader y Burning Down The House fue de lo más espectacular. El violín de Broken Twin me dejó en un estado imposible de describir sin poner tono dramático y el carisma de Poliça inundando la Big Top sólo se pueden vivir en un país donde anuncian los discos hasta en el metro.

Anuncios
No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: