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El amor líquido y las Redes Sociales

noviembre 12, 2013

El concepto de amor líquido, ese amor sin compromiso, sin vínculos, superficial y con fecha de caducidad apareció mucho antes del gran apogeo de las Redes Sociales. Ahora, debido a lo fácil que es interactuar con diferentes personas, lo sencillo que es llamar la atención y exponerse socialmente, el concepto se ha extendido e intensificado.

Cuando antes se flirteaba en los bares, el llamar la atención era una mirada, una invitación o un gesto. Ahora Internet es un gran bar donde podemos interpretar las redes como un catálogo gigante y abierto de personas. Eva Wiseman hacía un retrato en The Guardian sobre qué decían las fotos de Instagram sobre nosotros mismos y explicaba, sobre el fenómeno de las selfies, que muchas chicas jóvenes publicaban vídeos de ellas mismas preguntando directamente a su audiencia si eran guapas o no.  Según mobileYouth en UK casi la mitad de las fotos que los jóvenes de 14 a 21 ven en su Instagram son selfies, son fotos en primer plano hechas alargando el propio brazo. Ya no se hace extraño que alguien haya tenido una relación que empezara por Instagram; un like a una autofoto deriva en algo más sin importar edad o distancia. Después llega la decepción porque esas fotos siguen siendo de gente desconocida que no se sabe si el hecho de que solo publiquen fotos de si mismos significa vacío, superficialidad o es una manera de retratar expresiones. Y, en efecto, lo que buscamos nosotros de los demás. Lo desconocido, el querer llegar al otro sin saber quién realmente es nos lleva a programas como Catfish: mentiras en la red para averiguarlo.

Más allá del debate de si el fenómeno selfie es una actividad que fomenta la vanidad o no, el hecho es que ahora nuestro físico está abierto a que todos lo puedan visualizar y opinar de él. ChatRoulette ya permite ver a gente a través de sus webcam, y dependiendo de cómo sean, el usuario puede establecer conversación o pasar al siguiente usuario. Es un “pasen, vean y decidan”. Una vez más a través de razones superfluas y cambiantes.

Snapchat es la red social que ahora está de moda en Estados Unidos. Es la expresión máxima de la inmediatez y de todo aquello volátil. Las fotos que se cuelgan en esa red se auto-destruyen. No queda rastro y este comportamiento hace que los jóvenes estén abandonando Facebook y apostando por ella. Y es que nadie quiere que sus fotos, es decir, sus vivencias, perduren en el medio online porque en el offline tampoco está bien visto que lo hagan. Al contrario que Snapchat, colgar una foto en Facebook significa que es algo que se mantendrá  porque no se elimina automáticamente sino que uno mismo es quien decide si hacerlo o no. Es el propio usuario quien determina si publica fotos de su pareja o si una vez termina la relación las elimina o no. Facebook no apareció con un  protocolo social establecido para estos casos. Tampoco se explica si se ha de mantener la amistad o eliminarla como quien tachaba el número de teléfono de la agenda. En esta época de amor líquido el concepto ya no es el de pareja sino el de “one night stand”. Una persona, una noche. Como las fotos en Snapchat que de la misma manera que se publican desaparecen sin más. Las fotos en Facebook se van acumulando igual que se acumulan las parejas porque crear vínculos fuertes y estables con la otra persona es cada vez más difícil. Así que no son una sino varias las que aparecen en el perfil. Claro reflejo del estado líquido de las relaciones.

Y si esta tendencia de exposición y facilidad de cambio de pareja ya está establecida en los jóvenes, ¿qué pasa en edades más tempranas? Está siguiendo el mismo patrón ya que redes como Facebook están abriendo su política de privacidad. Ahora los menores pueden postear y que no solo sus amigos lo vean, sino cualquier persona que entre en la red. Por lo tanto, se amplia la viralización de sus fotos y vídeos. Es decir, de ellos mismos. El catálogo de personas se amplía hasta límites peligrosos.

Igual que un tweet caduca a la hora y un post de Facebook al cabo de tres, el amor está siguiendo esa línea indefinida de temporalidad y caducidad. No podemos saber si las redes sociales han ayudado a establecer este tipo de amor líquido porque la sociedad ya era líquida antes de que aparecieran (crisis, inestabilidad económica, pérdida de valores, cambio del núcleo familiar…). Simplemente ahora vemos esa fugacidad retratada y es más fácil cambiar de “compañía” porque las opciones y el acceso al otro es ilimitado y porque no hay guías de comportamiento ni privacidad.

Quizá las redes no es que intensifiquen el amor líquido, quizá tengamos que empezar a hablar de un nuevo concepto de amor en estado gaseoso.

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One Comment leave one →
  1. noviembre 12, 2013 8:01 pm

    la vida es bastante difícil por sí sola, y hasta el propio desarrollo y el mal uso de este provoca malas consecuencias, conductas que nada enriquecen al espíritu… las redes sociales son muy buenas pero lamentablemente los grandes monopolios de la comunicación digital la utilizan despiadadamente…

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