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Tweets con descarga directa o piratería pública

septiembre 9, 2013

Durante estas últimas semanas han abundado los tweets con enlaces directos a descargas de discos todavía no publicados como Chvrches o Arcade FireDescargas de fuentes no oficiales que llegan a volver a plantearse cuáles son los derechos y deberes de los usuarios en un medio del que muchos esperaban describirlo como “democrático”.

Internet ha permitido la democratización de la opinión. Todos podemos tener nuestro espacio para escribir y expresar nuestras ideas sobre un objeto cultural desde un punto de vista crítico, analítico o emocional. Democratización no significa, como muchos piensan, en la libre circulación y el “sin pasar por caja” de la obra acabada.

La excusa de que la descarga ilegal beneficia al autor y perjudica a la discográfica no es válida. Un libro necesita de una editorial igual que un disco necesita de una discográfica. Alguien que mejore y promocione el “producto”. En una editorial está claro; un autor redacta un texto, el corrector hace modificaciones ortotipográficas y el editor lo mejora y hace que sea coherente. Después el departamento de arte lo ordena visualmente, se lleva a producción y marketing lo promociona. En un disco ocurre lo mismo; hay muchas personas involucradas, la discográfica no es un simple intermediario como tampoco una productora lo es de una película. Un productor musical, igual que hace un editor, intentará darle coherencia al disco y buscará los detalles más fascinantes para mejorarlo y crear cierta personalidad. Por todo, el hecho de publicar una descarga no oficial perjudica a todos esos trabajadores porque nos ponemos bajo el paraguas de que la cultura es gratis. La cultura no es gratis. Es como decir que no tiene valor porque no estamos pagando por ella. En esta escala de valores nos pondríamos en el mismo nivel de los políticos de nuestro país que reducen la cultura a ocio y entretenimiento.

Más allá de un problema económico (que en parte lo es) se ha convertido en un problema social y cultural que hace tambalear hasta la ética periodística. Estos días revistas y blogs han aireado lo nuevo de Arcade Fire o el disco de Chvrches con la misma excusa que los usuarios: ser los primeros en opinar y difundir sin poder llegar al nivel de análisis o crítica. La crítica es análisis, evaluación y recomendación. Nunca en su misión ha estado la de difundir lo “ilegal”. A veces esa crítica entra en conflicto con lo que mueve las redes sociales que es la inmediatez y cultura del infotenimiento; basarse en las formas y no en el contenido. Quien avisa primero gana y cuanto más atractivo se haga, mejor. 

Por lo tanto, el hecho de que proliferen las descargas ilegales y que discográficas, editoriales, revistas y diarios cierren, ¿es culpa de los usuarios, de los medios o también de las empresas porque no están sabiendo adaptarse a Internet? El medio online está cambiando tan rápidamente que es difícil encontrar respuestas válidas y que no caduquen al día siguiente. Sea como sea hay que empezar por dar valor a la cultura sabiendo que la primera responsabilidad la tiene el usuario. Después serán las empresas quienes tengan que pensar cuál es la mejor manera de promoción y adaptación a este tercer entorno.

End of the Road Festival 2013

septiembre 3, 2013

Los que somos fans de las listas tenemos hecha desde hace años la de “Cosas que hacer antes de los 30”. En la mía, aparecía en primera posición “ir a un festival británico”. Gracias al End of the Road Festival ya he podido tachar esa tarea de la lista y calificarla con muy buena nota.

Lo que pretendía era apartarme de una sociedad en la que ir a conciertos o festivales se está convirtiendo más en un acto social que en uno cultural, en donde los medios de comunicación cada vez dejan menos espacio a la prensa musical especializada (y a la cultura en general), y en la que comprarse discos es un gran esfuerzo económico seguido de una mirada rara de la gente que prefiere escuchar discos filtrados para ser los primeros en tuitearlos a modo de pseudoperiodismo.

El End of the Road Festival, cerca de Dorset, era la escapada perfecta para rencontrarse con la música, con esa experiencia individual que en festivales vivimos de forma colectiva bajo unas circunstancias de respeto que no se dan en nuestro país.

Al pensar en este tipo de festivales viene a la cabeza imágenes de barro, botas de agua, jóvenes descamisados y aglomeraciones. Este año el EotR recibió a sus asistentes bajo un sol caluroso que no se apartaría ninguno de los tres días. Un marco idílico de bosque y naturaleza acogió un festival lleno de propuestas musicales donde se pudo ver lo mejor y lo peor de un evento de estas características. Nunca está de más compararlo con los festivales made in Spain para poder tomar nota y ser autocríticos tanto a nivel organizativo como de público.

Lo mejor del EotR

Educación por encima de todo. Sorry, excuse me y thank you han sido las palabras más escuchadas. Todos, antes de cualquier movimiento que interceptara el espacio social, pedían permiso. Nadie pisaba a nadie sin pedir perdón y las colas de los lavabos y los puestos de comida eran intocables.

Silencio durante los conciertos. Este año se han vivido muchos conciertos y festivales descritos como “gallineros”. Incluso con grupos como Camera Obscura o el respetado Rodrigo Amarante la gente hablaba y parecía entender el concierto como una simple música de fondo. En el EotR ya podía ser Marika Hackman o Angel Olsen a las cuatro de la tarde que no se oía nada más que el sonido a través los altavoces y los pasos atrevidos de los pavos reales que rondaban por allí.

Lágrimas y niños. Lo más emocionante fue ver la reunión de diferentes generaciones en un mismo festival. Desde grupos de jóvenes, familias primerizas hasta parejas seniors. No era raro ver a un padre con su hijo bailando con las guitarras de Crocodiles o madres llorando en el concierto de John Murry. La piel de gallina llegó con el concierto de Belle & Sebastian donde una decena de niños subieron al escenario a bailar The Boy With The Arab Strap. Una idea de escapada cultural para cuando se tenga descendencia. Además durante todo el día había talleres de manualidades, recetas, cine, comedia y juegos de mesa. Juegos que nuestra generación todavía recordamos y que por unos días han permitido a muchos olvidarse de todo lo digital. Como se dijo al inicio del concierto de David Byrne & St. Vincent, mejor quedarse con el recuerdo de una experiencia que con lo que pueda captar un gadget electrónico.

Lo peor del EotR

La masificación. Es el peor enemigo de los festivales. Más todavía si son con encanto. Las colas, el no poder ver a Daughter porque el escenario estaba ya lleno o quedarse sin helado de chocolate con peanut butter hacen bajar la nota al festival. Tampoco era muy llevadero el tiempo de espera para ducharse por la mañana. Tres cuartos de hora que muchos supieron invertir leyendo. Sí, gente leyendo en la cola de la ducha como también lo hacían antes de que empezara el concierto de Caitlin Rose o The Leisure Society en el escenario principal.

No se me ocurre nada más negativo del festival que no sean las avispas y abejas. Insoportables. Era imposible pararse a comer sin ser devorados por estos pequeños y amenazadores insectos. Más de un café y un brownie cayeron al suelo por culpa de un ataque repentino de estos seres perturbadores.

A pesar de todo esto es el mejor festival que he ido nunca. El concierto de David Byrne & St. Vincent bajo el pouring rain mientras se escuchaba Cheerleader y Burning Down The House fue de lo más espectacular. El violín de Broken Twin me dejó en un estado imposible de describir sin poner tono dramático y el carisma de Poliça inundando la Big Top sólo se pueden vivir en un país donde anuncian los discos hasta en el metro.

Vacaciones y refugio audiovisual

agosto 25, 2013

A quienes nos cansa la playa y no podemos estar el mes entero fuera del país por motivos económicos, quedarse en Barcelona durante una semana entera en pleno mes de agosto puede suponer un trauma o un alivio mental.

Es vivir en una ciudad que parece pre-apocalíptica porque muchos establecimientos están cerrados, los conciertos son inexistentes y la gente deambula alterada por el calor. Por otro lado, es una semana donde el horario lo marcas tú y te olvidas, por una vez al año, de esas jornadas maratonianas de llegar a casa pasadas las 8pm con la sensación de no tener tiempo ni para ti, ni para los tuyos y menos para la cultura. Agosto es el mes perfecto para recuperar todas esas cosas.

Lo mejor en agosto es refugiarse en el cine. Este verano, la mejor película que se ha estrenado (juicio de gusto y no de valor) ha sido À perdre la raison y la que podría haber sido un blockbuster redondo pero que se quedó en el intento, Elysium.

À perdre la raison

Una pareja feliz; Murielle (francesa) y Mounir (musulman) forman una familia bajo el mismo techo que el padre adoptivo de él. A partir de aquí, lo más fascinante es la evolución de Murielle. Una transformación sutil que va desde lo físico hasta lo mental y lo emocional. Conforme ella va cambiando, su alrededor también se ve alterado por su comportamiento. Cada personaje llega a un punto de saturación exhibiendo sus puntos de violencia, indiferencia o pena.

El dramatismo no es impuesto. El espectador no tiene la sensación de que la película le está dirigiendo hacia una emotividad artificial o remarcada. El dramatismo lo compone las miradas de los personajes, los diálogos y, por encima de todo, los elementos de atrezzo que juegan un papel fundamental al final de la película. Un vestido o un cuchillo son la representación simbólica del malestar mental de Murielle. Sin llegarse a explicar del todo, son elementos inquietantes y que pueden llegar a expresar lo que la película no llega a mostrar a través de las imágenes.

Una película que no pretende exponer la psicología de los personajes sino que nos muestra sus circunstancias y todo aquello que podría hacer desencadenar el desenlace. Es trabajo y decisión del espectador el intentar entrar o no en la mente de Mourielle e interpretar sus acciones y su decadente evolución.

Elysium

La idea principal podía dar hasta para una serie de varias temporadas. Hay dos mundos diferentes; una Tierra enferma y pobre y, por otro lado, una especie de satélite artificial girando alrededor de la Tierra con gente privilegiada.

Ese mundo donde sólo unos pocos pueden acceder parece sacado de un vecindario idílico estilo Desperate Housewives o The O.C. Es decir; piscinas, jardines, servicio y clase. Esa es la oportunidad que pierde la película, la de enseñar la rutina de esa gente, sus vidas, sus miedos y la tecnología que han desarrollado para poder vivir allí. Neill Blomkamp se centra demasiado en los problemas que hay en la Tierra para poder acceder a Elysium: persecuciones, peleas con robots, secuestros y una violencia sucia y gráfica.

El final, con escenas que empiezan con un excelente silencio deriva a secuencias que recuerdan demasiado a Gladiator. Esa fórmula de misticismo, moralismo, música y flores al viento. Por no hablar de los momentos Matrix a los que nos tienen acostumbrados ya casi todas las películas de acción/ciencia ficción.

DVD para recuperar temas pendientes

Además de los estrenos, el dvd se ha convertido en el salvador máximo de esos mediodías con altas temperaturas y humedad asfixiante. Un buen ejemplo ha sido Holy Motors, esa mezcla de belleza, fealdad, transgresión y simulacro para hacernos ver que el individuo necesita de todos esos conceptos estéticos para huir de su vida aburrida y buscar experiencias (amor, muerte, violencia o sexo) de forma desesperada y a cualquier precio.

Otro, más antiguo, Breakfast at Tiffany’s, una película donde el glamour es a nivel visual. Lo demás, es el concepto de amor líquido trasladado a otra época. Un amor cambiante, sin ataduras, temporal, sin emociones y sin la necesidad de crear vínculos. Igual que la sociedad actual.

Y antes de ir a dormir, un capítulo de alguna serie que se haya estrenado hace poco. Orange is the New Black para entrar en el mundo femenino y criminal desde el punto de vista humano con una dirección que juega con el espectador para que entre tanto en el drama como la comedia. The Bridge, por ver a Diane Kruger en la pequeña pantalla haciendo de detective sin sentimientos que investiga un crimen en la frontera de EUA y México y Broadchurch, una serie donde la acción transcurre en un pueblo inglés donde todos sus habitantes son sospechosos.

Las vacaciones en la ciudad están bien cuando uno puede evadirse gracias al mundo audiovisual pero, por encima de todo, porque puede tener tiempo para debatirlas, interpretarlas y digerirlas, que no consumirlas como podemos hacer durante los meses restantes del año.

Exhibicionismo en redes sociales: Somos lo que publicamos

agosto 20, 2013

Un artículo en The Guardian se preguntaba qué abandonar primero ¿Facebook o Twitter? La respuesta era clara; mientras que Twitter es esencial para el trabajo, Facebook está inundado de publicidad, agujeros de seguridad y disputas a nivel de propiedad intelectual.

A partir de aquí mi duda: ¿hay tanta diferencia entre una red y otra? Creo que a estas alturas ya no.

Twitter es esencial para todos aquellos que trabajamos pendientes de la actualidad. Es una red social que permite la difusión y viralidad de contenidos que de otros modos habría sido casi imposible dar a conocer. Ha creado conversaciones entre gente que no se conocía a raíz de hablar de un mismo tema: música, películas, Social Media, tecnología, deporte, etc. Y lo más importante, es que se comentan eventos a tiempo real. La publicidad está ahí igual que en Facebook, pero quizá no es tan intrusiva ni visual.

Las disputas de la propiedad intelectual no es algo que sólo tenga Facebook. Twitter también las padece. Desde no mencionar a las fuentes hasta apropiarse de contenidos de otros o la carrera para ver quién publica antes dejando de lado la calidad del artículo. Como Twitter es instantáneo, los textos ya no reposan o “el primero gana”.

Más allá de estos problemas que subraya The Guardian, el concepto idealista de Twitter donde era un intercambio de contenido se ha perdido porque como dicen muchos otros, Twitter puede ser comparable a un bar donde hay conversaciones con contenido de calidad pero también flirteos, discusiones sin argumentos fundamentados, profesiones frustradas  y ruido, mucho ruido. Por ruido me refiero a contenidos de baja calidad, fuentes no contrastadas. Peor todavía: links de discos filtrados en la red o tráfico de películas y series pirata.

Después hay una gran parte de los usuarios que lo ven como una herramienta para exponer sus emociones y su cuerpo: exhibicionismo virtual. Las personas siempre esperan la aprobación de los demás. Y qué mejor que exponer su cuerpo públicamente para que un simple gesto (un like o un favorito) sirva de apoyo y afirmación. Como un periodista al que le da rabia el nuevo periodismo ciudadano, del cual me incluyo, las diseñadoras de moda deben estar horrorizadas después de ver cómo muchas chicas que no saben diferenciar ni tejidos ni fibras publican día tras día sus outfits. Outfits que en muchas ocasiones esconden otro objetivo; el de exponer su cuerpo con dosis de sensualidad y erotismo engañado por miradas angelicales y poses imposibles pero sugerentes. Y sí, hablo del género femenino en concreto.

Las fotos de este tipo de usuarias están en Instagram pero no dudan en enlazarlo con Twitter. Es decir, abiertamente y sin tapujos. Y funciona. Se puede hacer la prueba; un texto, una canción o un tráiler en Twitter nunca llegará a tener el engagment que genera ese tipo de imágenes.

El exhibicionismo tiene peligros. Los sociópatas o los trolls que pueden llegar a molestar a estas usuarias hasta crear amenazas o propuestas indecentes y el de la proliferación de relaciones platónicas, y no tan platónicas, con esas fotos retocadas de Instagram para agradar al personal y que insultan sin querer al mundo de la moda. Lo insulta porque la moda es una expresión cultural y social más allá de cómo se represente y, igual que todas las manifestaciones culturales, necesita de conocimiento. Esto no es moda, es un “te enseño mi nueva camiseta pero en el fondo lo que quiero ver es si te gusta mi clavícula”.

En cambio, el exhibicionismo emocional tiene muchas ramas; desde el sentimental donde los usuarios dejan claro su estatus y son capaces de flirtear públicamente con sus seguidores hasta el exhibicionismo hater laboral, meteorológico o político. Y no lo veo como algo negativo, al fin y al cabo es una red social y como tal los perfiles personales han de combinar tweets espontáneos y emocionales con otro tipo de contenidos más serios a pesar de que no seamos especialistas de ningún campo. O quizá si lo somos pero no sabemos enfocarlo bien.

El peligro de Twitter está en que la balanza se incline más de un lado que del otro, en que se convierta en una red personal igual que Facebook donde la gente exponga su vida a modo de diario. Twitter dejará de cumplir su función cuando deje de generar debate. Que alguien publique un artículo o viralice el de otros y no reciba comentarios ni para rebatirlo ni para apoyarlo. Y que el único debate lo generen tweets personales con objetivos de autoaprobación por falta de autoestima o exceso de esta. Como un Gran Hermano virtual del que todos nos quejamos si se emite por la televisión pero nadie critica si se encuentra en los medios online.

Este hecho también repercutiría en las relaciones personales tal y como se ha comentado millones de veces. ¿Debemos seguir a nuestros ex, a los amigos de nuestros conocidos, a la familia, o incluso indagar sobre el pasado de nuestras relaciones sentimentales y amistosas actuales? Porque todo queda grabado. Es el “mystery versus history” que se comentaba en How I Met Yout Mother. ¿Necesitamos saberlo todo de la gente o hemos de ser nosotros los primeros en dosificar, saber que hay límites y filtrar todo ese ruido vació y sin sentido de las redes? No debemos olvidar que somos nosotros los que decidimos a quién seguir y qué es lo que publicamos al instante y las redes forman parte de nuestra rutina. ¿Y si vamos por el camino fácil y las abandonamos todas? #noway.

Ética, Social Media y contenido de baja calidad

agosto 15, 2013

Si el contenido es el rey, en las redes sociales pocas veces se demuestra esa afirmación. Los perfiles de Facebook de las principales marcas del país se inclinan más por un “todo por el like” que en ofrecer contenidos interesantes y útiles para el consumidor/fan.

Otro problema común es el “todo por el fan”. Es decir, conseguir un número alto de fans de cualquier manera Los expertos en Social Media avisan que lo importante no es la cantidad sino la calidad pero las páginas siguen promoviendo prácticas de captación muy al límite. Y, lo más importante, la ética. En Facebook, ¿está todo permitido? Evidentemente, no.

Niños enfermos, días especiales, lazos negros y apoyo a víctimas

El día del accidente del tren en Santiago (24 de julio) muchas marcas cambiaron sus fotos de perfil por un lazo negro. Bien como expresión de apoyo a las víctimas igual que los ayuntamientos bajan sus banderas, pero ¿ese era el objetivo del cambio de foto? No, muchas agencias utilizaron ese día dramático para convencer a sus marcas a que, con gestos así, conseguirían más interacción y fans. No es ético. Otras agencias querían diseñar expresamente posts para demostrar su dolor. Las marcas apuestan cada vez más por conmover y retorcer el lado emocional de los consumidores. Perfecto para una época en la que la gente empieza a desenamorarse de las marcas pero no es ético intentar rascar sentimientos a través de las tragedias. Por suerte ya se sabe que hay cosas no permitidas como el  “un like tuyo es salvar una vida” o copies similares para campañas de responsabilidad social que acababan en otra búsqueda de fans a todo coste.

Día Mundial Contra el Cáncer. Una página hace un post de “Todos contra el Cáncer”. Bien si la marca contribuye para la investigación de esta enfermedad, su cura o ayuda psicológica a las víctimas. Mal si es puro apoyo visual. Qué fácil es diseñar una imagen en Photoshop con una causa a la que no se contribuye. Todo para generar un like.

Además de la ética en redes sociales hay las malas prácticas o cómo hemos pasado de intentar hacer un buen contenido a simplemente querer entretener a los fans. Igual que cuando a los periodistas se nos exige ser content curators, redactar bien y a la vez ser entertainers. Sería aquello de “pongamos más fotos de gatos que eso gusta a la gente”.

“Haz un me gusta si…” es otro de los hits en redes sociales. Hay gente que todavía cree que este tipo de copies en los posts de Facebook generarán más interacción. Puede que sí y, de hecho, tendríamos que hacer la prueba ante dos posts visualmente iguales. Pero, ¿no es tratar de tontos a los fans? Si cada día ponemos el “haz like”, es un imperativo, esto no es Social Media. Social Media significa una comunicación bidireccional para llegar a un marketing de 360º.

Si a un fan le gusta realmente el contenido o la imagen, ya él dará al like o, subiendo un punto en la escala, lo compartirá. Nadie tiene que decirle lo que tiene que hacer. A nivel de usuario un “haz me gusta” es como acabar diciendo “has picado”.

Concursos y promociones

Las marcas organizan concursos con atractivos premios y mecánicas fáciles de participación para atraer a nuevos fans. Éstos, que quizá no son consumidores de la marca, se hacen fans, participan y dejan de interaccionar con la página. Se han hecho fans por el premio, no por la marca y provoca un número de fans inactivos y, por lo tanto, de baja calidad que hace bajar el índice de engagement rate global. Tenemos unos fans zombies que sólo son un número pero no conseguiremos aumentar el equity de la marca gracias a ellos.

Paid Media en posts

Desde los nuevos –y ya no tan nuevos- algoritmos de Facebook, los usuarios no ven todos los posts que publica la marca a la que están subscritos, sino que sólo los ven si son fans que han ido interaccionando habitualmente. Por lo tanto, si se quiere llegar a todos los fans o captar nuevos se ha de pagar.

Muchas marcas invierten en todos los posts. Se puede ver cómo una foto de un simple plato o marca de detergente consigue 1.000 likes mientras que otra marca puede poner la misma imagen y no conseguir ni un 10% de esa interacción. La diferencia; los primeros han pagado para llegar a más gente. Pero, en realidad, ¿a  cuánta gente habrán llegado y cuánto han pagado para que al final 1.000 personas hayan hecho like ante un contenido visual que a nivel de calidad aporta muy poco a la página? Pagar por un post no significa tener más engagement sino más impactos.

Si lo vemos a nivel publicitario es como un GRP. Estás creando impactos pero si una marca concreta puede realizar dos o tres spots al año, en Facebook los impactos son diarios. ¿Qué aporta una imagen de detergente a un usuario? ¿Es realmente necesario pagar en todos los posts? No, hay que pagar en los que necesitemos viralidad y los que sean realmente de calidad. Una campaña puntual, un post sobre contenido informativo, una imagen de presentación, etc. Hacerlo cada día sólo supondrá el cansancio de los usuarios. Igual que los prerolls de Youtube. El spot puede ser genial pero a la décima vez que lo ves antes de un vídeo cansa, y mucho. Eso se traduce en ruido negativo y la espiral ya está completa.

Tres años trabajando con marcas en Facebook me ha hecho poder ver las buenas y malas prácticas. Si bien soy algo idealista y votaría por páginas que no postearan cada día sino sólo cuando tengan realmente algo que decir, sé que no es el mundo que vivimos. En el mundo que vivimos las marcas utilizan las redes sociales como cualquier otro medio publicitario y cada día se ha de luchar por la calidad. Una página de Facebook es una parte más que contribuye a la imagen de marca. Y los que trabajamos en comunicación debemos mantener el equilibrio y apostar por la exquisitez, originalidad y nunca tratar a nuestro público como algo inferior a nosotros.

Low Cost Festival 2013

julio 29, 2013

El Community Manager del Low Cost Festival dejó claro hace unos días en Twitter y gracias a expresiones como “pasarlo teta” que sería un festival con un público muy joven y con el objetivo principal de fiesta y cachondeo.

El Low Cost está muy bien organizado a pesar de que entramos desde la ventanilla de “incidencias” porque el QR de la entrada no funcionaba. Pocas colas, buen sonido teniendo en cuenta que los escenarios no estaban lejos unos de otros y bastante seguridad (nos cachearon tan al detalle que seguro que más de uno se alegró).

El público era pintoresco. Desde gente de provincias, algún extranjero, despedidas de solteros, disfraces, cocodrilos hinchables que te atacan, gente que te viene a hablar con un “me suenas de otros conciertos”, charcos de barro donde la gente se despide de sus zapatos o algún “silencio por favor, que esto es Portishead” con mirada asesina de ultrafan.

El cartel muy completo y variado siempre dentro de unos parámetros que iban desde el indierock, pop made in Spain y hasta electropop o similares. Delorentos, fue uno de los primeros grupos el viernes. Su hit Secret tardó en llegar pero a pesar de que la gente desconocía el resto de canciones, bailaron y miraban al escenario con ansia de empezar con los platos fuertes del festival. Ellos mismos se sorprendieron de la calurosa bienvenida.

A las once Veronica Falls con algunos problemas técnicos en un par de canciones supieron llevar sus letras oscuras e invernales a 35 grados a la sombra del recinto de Benidorm. Waiting for something to happen o My heart beats de su último disco y éxitos anteriores como Found love in a graveyard, Weeding day, Bad feeling o Come on over resaltaron una vez más que se defienden tanto en sala como en festival y que sus guitarras tocadas llevando medias negras y tupidas pueden con todo.

Two Door Cinema Club es el grupo comodín de los festivales. Repertorio casi idéntico al que hicieron en el Sónar o en el BBK. Repetitivos, con algún sobresalto gracias a Something good can work, I can talk o Undercover Martyn.

Svper (antigos Pegasvs) dieron el toque de elegancia de esa noche. Ella, mucho más abierta que en otras ocasiones, llegó a dirigirse al público no sólo entre canciones sino también mientras tocaba. El final de la noche y Brillar se escucharon a máximo volumen desde la primera fila hasta la última. Temblor electrónico por todo el cuerpo.

Lori Meyers ha dividido a sus fans en dos generaciones; los más jóvenes que saben todos sus últimos temas de “Impronta” y gritan con desesperación la letra de Emborracharme con menciones a whatsapp (ouch) y después están los que piden algo de Viaje de estudios o Hostal Pimodan.

Empezaron enganchando a la generación más antigua: Luciérnagas y mariposas, Sus nuevos zapatos y Dilema. Una lástima que siguieron con lo nuevo, de letras mucho menos trabajadas y melodías más comerciales en busca del hit postizo.

El sábado era el gran día. A las 22h los escoceses Belle and Sebastian parecía que iban a presentar su último disco de rarezas y caras b pero nada que ver. Dog on wheels, Judy and the dream of horses, Another sunny day dedicada a esos escasos días de sol en su tierra, The boy with de arab strap o I want the world to stop. Ya forma parte de los mejores directos del año (hasta el momento). El público estaba entregado en todas sus canciones, incluso Stuart invitó a bailar a un grupo de jóvenes que de unos tímidos bailes encima del escenario pasaron a animar al público que todavía se resistía al encanto made in Scotland.

Terror minutos antes de empezar Portishead. Misterio de saber cómo iba a reaccionar el público. Chapeau, pocos eran los que se atrevieron a hablar durante Roads, Glory Box o Sour Times. Menos en Machine Gun donde la inercia llevaba a intentar hacer el ritmo con las manos. Imposible. Gracias también a esos visuales que permitían evadirse de todo menos de la música para conseguir experiencias extrasensoriales de máxima elegancia y calidad.

Acabar la jornada del sábado con Crystal Castles era acabar con los oídos casi reventados y el cuerpo aturdido. Celestica pero sobretodo Not in love fue coreada con brazos hacia el cielo y gritos en frases como “we were lovers, now we can’t be friends”.

El domingo Polock fue lo más interesante de la tarde. A pesar de sus múltiples similitudes o guiños a Phoenix, después de mucho tiempo sin estar tocando en directo, volvieron a encontrarse con un público fiel que coreabn Fireworks con la energía que quedaba para el último día. 

Glasvegas es odio o amor. De “truño” para algunos a “emotivo y épico” para otros. Lo de épico era generalizado. Sus letras resaltadas en su disco de presentación pero estiradas hasta aburrir por culpa de una sobreproducción perturbante en el segundo. Euphoria take my hand y The World is yours son la excepción y siguen dejando claro que no se han desgastado. Más por el nuevo tema que presentaron (y no era I rather be dead than be with you). Eso sí, la máxima emotividad se la llevó Flowers and football tops (abrieron con ella), Geraldine o Daddy’s gone para destacar esas infancias llenas de odio y tristeza de los suburbios de Glasgow. Tampoco faltó My own cheating heart that makes me cry o Go square go. La gente en UK sabe que la frase “Here we f*** are” es todo un himno pero aquí hicieron el intento y el público no captó la frase con acento escocés imposible.

Los fans de John Boy estaban en primera fila ya desde Glasvegas. Love of Lesbian dio un concierto de dos horas. Felicidad máxima para ellos, pero para los que nos decepcionó el último disco fue “too much”. Las letras de “1999” que antes nos parecían el canto perfecto para amores que se desvanecen, amores líquidos y todo lo que acababa en ruptura ahora son una parodia sin sentimiento hecha por ellos mismos. Se siguen disfrazando, continúan haciendo el mismo discurso entre canción y canción y se olvidan demasiado de “Cuentos chinos para niños de Japón” y “Maniobras de escapismo”. Una pena, porque el concierto se hizo irritable y hasta un punto insoportable. Sólo a veces se salva por himnos como Allí donde solíamos gritar, Me amo o Segundo asalto.

En el mismo escenario poco después era el turno de Fangoria. Las nuevas canciones no provocaban ningún efecto sobre el público pero sí temas como No sé qué me das o Bailando. Y en el otro escenario, Standstill presentaba Cénit. Esta vez era diferente porque iba acompañado de sorpresas en forma de ¿Por qué me llamas a estas horas? o la primera de ellas que fue Adelante Bonaparte (II). Muy acertado no hacer el espectáculo entero sobre el último disco sino intercalarlo con sus hits, que para eso hay que saber que están en un festival tocando a las dos de la mañana. Bien visto.

Cansancio extremo de tres días de calor, playa y conciertos. Nota alta para este festival de filosofía low cost pero que cada año va adoptando a más lowers y podría ser, en un futuro, un claro substituto de los festivales más grandes de la zona si siguen apostando por la calidad como han hecho hasta ahora.

Bilbao BBK Live 2013, festival de rock y pintxos

julio 16, 2013

La expresión que podría definir el Bilbao BBK Live de este año es Déjà vu. Un cartel lleno de grupos que hace una década estaban en el punto de mira de todos los medios y que ahora casi pasan desapercibidos por la crítica. Podría, porque en realidad hay mucho más que eso. La letra pequeña con Benjamin Biolay o White Denim hace que sea un festival con propuestas variadas y adaptables.

Jueves escocés

El jueves el escenario más grande lo estrenó Alt-J. Hype. Aburrido. Con el sol calentando como si fuera un festival de playa, todas las canciones parecían tener la misma base y ritmo. La voz no marcaba altos ni bajos, se dejaba llevar por esos movimientos de cabeza del público sin entusiasmar demasiado. Matilda fue un sobresalto pero tan pequeño que los pies se quedaron en el suelo.

El atardecer llegó con Editors. Fue raro. Hace años en sus conciertos la gente saltaba con Munich o se emocionaba con Smokers Outside the hospital doors pero no es lo que pasó el viernes en el BBK. La mayoría de gente miraba con indiferencia el escenario. Quizá era cuestión generacional o porque esos saltos de ritmo y guitarras ya nos dejaron de sorprender hace algún tiempo.

Depeche Mode era el concierto esperado de los más veteranos del festival. El escenario grande se llenó hasta de los menos fans cuando hits como Personal Jesus o Just can’t get enough. Los no tan fans esperábamos ansiosos poder gritar “mon the Biffy”.

Las 00.40 era la hora perfecta para Biffy Clyro. El grupo escocés nos dejó mal gusto hace cuatro años cuando eran teloneros de Muse en el Resistance Tour. Esta vez, ellos eran los protagonistas. Con los torsos desnudos, como siempre, salieron a romper esa creencia de que ya no hay buenas propuestas de rock. Es verdad que en su último disco las letras son todavía más ligeras que en los anteriores y las guitarras menos violentas. No se puede negar que cada vez llegan a un público más joven y femenino. Eso no quiere decir que su directo sea poco atractivo. Al revés, fue un concierto intenso, casi no dejaron respirar entre canción y canción. Repasaron los temas más exitosos de su penúltimo y celebrado álbum “Only Revolutions” como Mountains, God & Satan, la balada Many of Horror o The Captain. Tampoco se dejaron las del nuevo disco con Black Chandelier, Spanish Radio o la canción que abrió el concierto, Stingin’ Belle y esos sutiles guiños al sonido de gaitas escocesas.

Y del rock de masas de UK (que no de aquí), el escenario grande se llenaba para escuchar a Two Door Cinema Club. Los comentarios de “todas suenan igual” sería la definición del concierto para aquellos que no conocían del todo al grupo. Sólo se veían bailes tímidos excepto en esos hits del primer disco como Something good can work o What you know. Pocos se dieron cuenta de la preciosidad de The world is watching y su fácil estribillo con voz feminina del último disco.

Viernes de Glastonbury

Con una temperatura más agradable que la del jueves, la jornada del viernes se abría con Spector. Poco caso se le ha hecho a un grupo que tiene temas pegadizos como Chevy Thunder, muy poco.

Vaccines, ese grupo que durante su primer disco casi no aparecen por aquí y que en menos de siete meses los hemos podido ver ya tres veces. Actitud y rock. Se podría firmar como un grupo esencial en todos los festivales. A lack of understanding, Teenage Icon o Ghost Town hasta que empezó la lluvia. Después ver en directo Post Break up sex con las gotas de agua cayendo sin tregua es un momento mágico y casi dramático. Tan dramático que el sonido se rompió y tuvieron que parar. Sólo en ese momento las primeras filas fuimos a las carpas para evitar la lluvia. Los más pesimistas recordábamos cuando Kings of Leon cancelaron hace cuatro años en Benicàssim por viento. Esta vez veíamos lo mismo. En medio de una mezcla entre exaltación y nerviosismo colectivo paró de llover.

Alegría post susto con Klaxons. Era casi imposible acordarse de qué temas tenía el grupo hasta que Golden Skans o Atlantis to Interzone rompieron el silencio. Y ahora sí, por fin, Kings o Leon. Rescataron temas como Bucket, On call o Molly’s Chambers y no se dejaron las más coreadas Use somebody y Sex on Fire. Repertorio exquisito si no se hubieran dejado Charmer. Otra vez será. Eso sí, que la próxima vez sean más cercanos o todas sus canciones quedan en un segundo plano delante de su actitud.

Las 2.05 no es una buena hora para Standstill. Perfecto si hacen un concierto intercalando temas de sus diferentes discos. Pero no fue así, volvieron a repetir el espectáculo de Cénit para presentar su último álbum. Los láser eran propios de cualquier grupo electrónico y los visuales recordaban demasiado a Muse o Radiohead. Añadiendo que estaban tocando en una carpa, la experiencia del concierto fue de lo más rara.

Sábado adolescente

Era el día de Green Day y la reflexión de si prohibir las entradas de día o no. Y no lo digo por infravalorar al grupo, sino porque la mayor parte del público de ese día iba a verlos a ellos. Y en consecuencia, no dejaron disfrutar al máximo del resto de conciertos.

The Hives es una apuesta segura en festivales que se declinan hacia el pop rock. Tienen hits para llenar una hora con I won’t be long, Come on, o Hate I told you so. Así que entre la música y él que es un showman, el éxito estaba garantizado. Los que ya llevamos algunos años en festivales no nos aportaron demasiado pero fue un directo efectivo que hizo bailar al público lo que otros no pudieron conseguir.

Misterio era lo que sentía por Vampire Weekend. No sabía si era el lugar adecuado pero creo que más bien no era el público adecuado. Las nuevas pasaron desapercibidas, como si fueran aburridas. Canciones que ponen la piel de gallina como Ya Hey pasó a ser tema del montón. A punk fue la única que hizo al público prestar atención y ni acabar con Walcott permitió crear una atmósfera mágica.

Twin Shadow coincidió con Green Day. Poco acertado fue el comentario que hizo cuando dijo que había visto gente fea por Bilbao pero que todos los guapos estábamos en su concierto. Para colmo, una chica le lanzó su ropa interior, quizá era la que se tuvo que sacar el día anterior por culpa del diluvio. Seguro.

Empezó fuerte como queriendo retener al público con Five seconds o Slow. Una propuesta más guitarrera que el disco y, por lo tanto, se descuidaba esos sonidos bien escogidos desde producción.

Terminó antes que Green Day así que se pudo ver la marea de público coreando los clásicos de adolescencia como Basket Case, She o Minority. Sabor agridulce y de circo. Por un lado, hace ilusión escuchar esos temas que cantabas de pequeña o de adolescente pero por otro lado daba un poco de vergüenza ver como parte del espectáculo constaba en crear espectáculo. Versiones de grupos, “oe, eo”, fans que se suben al escenario, o guitarristas que se visten de mujer ensuciaron lo que podría haber sido una comunión entre varias generaciones unidas por la música.

Un final extraño que podía quedarse ahí o seguir al máximo con Fatboy Slim. Los menos valientes decidimos marchar a una hora prudente recordando las anécdotas del festival.

En resumen, lo que venía  a nuestras mentes (sin contar las canciones del festival que habíamos tarareado noche sí, noche también) el ambiente del festival. Inmejorable. A pesar de la lluvia el buen humor y el compañerismo salvaron el posible trauma y el hecho de que esté situado en Bilbao cambia por completo esa fórmula mal escrita de que los festivales de verano han de ser música, alcohol y playa.